La tarcoteca

La IDEA: Organizarse sin jefes; Anarquía!
By Pablo Heraklio & cols. Tarcoteca @ riseup.net

domingo, 17 de septiembre de 2017

Convocatoria en Madrid: Concentración frente Embajada de Argentina por la aparición de Santiago Maldonado. 23 sep 12h 2017

Santiago Maldonado “el Lechu”, compañero anarquista en la defensa del pueblo mapuche, está desaparecido en manos de la Gendarmería argentina. El 1 de agosto de 2017 las fuerzas represivas del estado argentino allanaron con brutal violencia el Lof de Resistencia Mapuche de Cushamen, al sur del país, próximo a la frontera chilena. Este territorio, originario del pueblo mapuche, les fue arrebatado por el gobierno para ponerlo a disposición del capitalismo y la devastación, continuando con el hostigamiento y expolio que la población indígena enfrenta desde la formación de los estados argentino y chileno (fronteras, además, que no se corresponden con el territorio ancestral indígena y por el que no pueden moverse libremente).
Cualquier tipo de devastación les sirve de negocio: la tala forestal, la extracción de petróleo, las centrales hidroeléctricas, las infi nitas hectáreas de cultivos transgénicos, o como en este caso: la explotación animal, pues estas tierras se las apropió la empresa italiana Benetton (Compañía de Tierras del Sud Argentino) y en ellas explotan a cien mil ovejas para la producción de lana.
La Gendarmería entró en la comunidad disparando balas de plomo y pelotas de goma, agrediendo a la gente y quemando sus pertenencias. Algunas personas cruzaron el río para escapar y varias personas declaran haber visto como pegaban y se llevaban a alguien en una camioneta.
Desde entonces no se sabe nada de Santiago Maldonado. En ninguna de las comisarías de la región se registra su ingreso y la ministra de seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, ha tardado cinco días en reconocer que no se conoce su paradero y que Gendarmería no está implicada.
Este allanamiento no es un caso aislado: ocurrió en el mismo Lof el enero pasado y forma parte de la cotidianidad del pueblo mapuche y todas las comunidades indígenas, que resisten y enfrentan cada día el hostigamiento físico y psicológico por parte de las fuerzas de estado. Y esto quiere decir: balas de plomo, destrozo de sus casas y pertenencias, agresión física y verbal, intimidación, ilegales procesos de espionaje y montajes políticos y policiales para justificar el encarcelamiento de sus miembros más activos. Este es el caso de Facundo Jones Huala, lonko mapuche detenido en junio, encarcelado en Esquel y en huelga de hambre actualmente.
El mismo jefe del gabinete de seguridad del estado, Pablo Nocetti, declara estar coordinando las acciones represivas contra los miembros de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM). Además avala las intervenciones violentas yallanamientos ilegales en las comunidades. El RAM es un grupo de resistencia mapuche que lucha por recuperar la vida en el territorio originariamente habitado por su pueblo. Poder dar, así, continuidad a su existencia, que por todos los medios los estados quieren destruir. Porque esta existencia no se rige por sus normas y no admite la sumisión.
Concentración el sábado 23 de septiembre a las 12:00 h frente a la embajada Argentina, calle Fernando el Santo, 15
Basta de impunidad policial y terrorismo de estado
Por el fin del hostigamiento a la lucha mapuche
y los pueblos originarios
Por la libertad de Facundo Jones Huala
Boicot a Benetton
Exigimos la entrega de Santiago Maldonado

sábado, 16 de septiembre de 2017

Ni Corea, ni China, ni Rusia: Venezuela rompe la Hegemonía de USA por medio de los petroyuanes

En Wall Street echan espuma por la boca. Los medios parece no recogen la importancia de un hecho fundamental sucedido el 9 de septiembre: venta de crudo venezolano en otras monedas distintas al dólar. Caracas ha puesto el primer clavo en el ataúd de USA.

Venezuela, cansada de extorsiones [1] para evitar la intervención extranjera, sanciones económicas y de hacerse con el beneplácito del imperio ha dicho basta de hacer de buen vasallo. El detonante ha sido una hilarante maniobra de la derecha opositora y española [2] este 2017 para forzar una intervención americana que realizase el golpe de estado seguido de una batería de sanciones económicas.

USA se encuentra incapacitada militar y políticamente debido a los múltiples frentes abiertos en todo el mundo [3] y no fue capaz de intervenir como era esperado, lo cual se interpretó como un gesto de debilidad. Sumar las sanciones económicas unilaterales que hicieron buscar otros mercados.

Resultado: Maduro se reforzó políticamente al interno y visto que lo de USA no era más que un farol
Publica los precios del petróleo venezolano en yuan | El Pitazo 15.9.2017 y deja de aceptar dolares por petróleo.

A su vez: Maduro lanza sistema de pago para ‘liberar’ a Venezuela del dólar | HISPANTV 8.9.2017

Este hecho rompe por si solo la hegemonía económica del petrodólar al forzar al resto de clientes a usar yuanes, incluida USA, y amenaza su estabilidad de la economía; Venezuela no es un país cualquiera: es el segundo exportador de petróleo a USA, y su suministro tiene efecto directo en la cesta de la compra diaria.

USA deberá a partir de ahora proveerse de yuanes, perder parte del control sobre el oro líquido y dinero en el cambio de moneda si quiere conseguir el petróleo venezolano.

Según Maduro Trump va al límite de sus fuerzas. Si Venezuela logra que el dolar se deprecie y aumente la inflación en USA, de nada habrán servido los esfuerzos del Expansive Easing y tipos bajos de los últimos 10 años. No es que los precios vayan a estallar, es que el poder adquisitivo va a caer por los suelos. USA entrará en crisis, se endeudará hasta que se rebase el Techo de Deuda y se producirá el "Cierre Estado", como en 2013 con Obama. Pero la maquinaria bélica sigue en crecimiento, lo cual acelerará el proceso de pérdida de fondos estatales. Y esta es la apuesta: USA no puede mantener todos los frentes militares y económicos a la vez, menos abrir uno tan importante como Venezuela.

Llegan los enterradores

Aquí es cuando llegan los enterradores con picos y palas para inhumar el cadaver:
‘China cambiará reglas de juego de EEUU en mercado petrolero’ 8.9.2017
Última novedad de los BRICS: yuan, oro y petróleo se imponen al dólar - Sputnik Mundo 6.9.2017
Sputnik entrevista a Peter Koenig: Comercio en oro entre Rusia y China – ¿Un paso más de la desdolarización? – Comunidad Saker Latinoamérica 13.9.2017

Las opciones de USA: contrarreloj

Las opciones de USA son ahora contrarreloj, y cualquiera que haga retornar a Venezuela al redil del petrodolar antes de que los BRICS establezcan sus intercambios en oro y yuanes. Algo va a suceder de aquí a 6 meses, pero solo podemos especular.

Algo difícil con una economía tan dependiente energéticamente de Venezuela y después de haber rechazado el apoyo militar directo a la oposición. No sabemos como lo harán, pero algo tendrán que hacer. Tenemos unas ideas. Una intervención militar directa queda descartada, demasiado cara, lo cual haría sobrevenir la crisis, y cortaría una fuente de petróleo necesaria para mantener precios bajos en USA. Una intervención militar indirecta,  por medio de mercenarios al estilo Siria, tardaría no menos de 6 meses en organizarse. Y las sanciones funcionan en contra de USA ya que orientan a Venezuela fuera de su órbita. Por otra parte un acercamiento político, haciendo concesiones a Venezuela, no haría más que evidenciar la debilidad de USA. Una situación realmente complicada en la que USA parece que tiene todas las de perder... por el momento.

El poder se le escapa de las manos a USA a pesar de tener el mayor ejército del mundo. Un ejército que no solo estrangula a su país succionando presupuestos y creando carencias sociales y económicas que son aplacadas con la militarización policial. También afecta a sus aliados, que siguen su estela de decadencia. Alianzas vasallas basadas en la cesión de territorio para el emplazamiento de bases militares y la compra de material bélico, como España y en general toda las UE y Japón.

Podríamos decir que desde Bush Senior a Trump los POTUS han hecho el Monger [el mercader] al lobby armamentístico sacando a pasear el ejército y creando conflictos, perdiendo aliados y clientes, gastando y gastando sin sacar nada a cambio más que deuda estatal y rédito corporativo; algo que no revierte en el pueblo gracias a la ingeniería fiscal apoyada en los paraísos fiscales. Ya solo queda que explote la burbuja entorno al capital financiero y ya tendremos la tormenta perfecta sobre la expoliada norteamérica.

Salud! PHkl/tctca
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¿Qué implica la venta de crudo venezolano en otras monedas distintas al dólar? | Misión Verdad 9.9.2017 Fragmentos
El petrodólar es más importante para la dominación global estadounidense que la exportación de armas o la cultura hollywoodense, porque permite que EEUU sea el mayor exportador de billetes de dólares que todo el mundo necesita para comprar petróleo. Venezuela ha decidido dar pasos en la desdolarización de su economía. Para conocer las implicaciones se requiere mirar el contexto geopolítico en que esto ocurre.

Luego de que el presidente Nicolás Maduro planteara el pasado jueves que todas las empresas que vayan a contratar con el Estado venezolano negocien con una divisa distinta al dólar, el vicepresidente Tareck El Aissami ha considerado pertinente que el sector productivo nacional genere los mecanismos necesarios, a través de la banca pública y privada, para migrar a una nueva canasta de monedas.

En una reunión de trabajo sobre el Plan Constituyente para la Paz y la Prosperidad Económica con empresarios, desde el Ministerio del Poder Popular para la Economía y Finanzas expresó: "Tenemos que romper el yugo del dólar", argumentando que quienes deseen pujar en la subasta Dicom deben migrar sus cuentas bancarias a otra divisa. "No vamos a subastar más en dólares, ya se acabó la subasta en dólares", agregó El Aissami destacando que tales medidas son adoptadas para contrarrestar las sanciones económicas impuestas por EEUU.

Desdolarizarse es una amenaza

Todo país que luche contra el dólar es considerado una amenaza directa a la hegemonía económica estadounidense y al alto nivel de vida de sus ciudadanos, por ello las élites en Washington intentan resistir como sea este proceso. El líder libio Muammar al-Gaddafi fue derrocado y asesinado brutalmente luego de que decidió vender petróleo en euros y luego introducir un dinar de oro para reemplazar a la moneda europea.

Sí, un líder sentado sobre 150 toneladas de oro real propuso vender petróleo a cambio de monedas de oro real, por lo que el entonces presidente francés, Nicolás Sarkozy, dijo que "Libia estaba poniendo en riesgo la estabilidad financiera mundial" basada en una moneda sin respaldo que sólo beneficia al consumidor estadounidense.

Junto a algunos bancos y compañías energéticas europeas que operan dentro de sus fronteras, China, Rusia e Irán siguen una política de desdolarización para escapar de la dominación estadounidense. En 2014 el Ministerio de Hacienda ruso anunció el plan de aumentar la participación de los contratos en rublos mientras que en mayo pasado, en la cumbre de Shanghai, Rusia se comprometió a firmar la venta de 400 mil millones de dólares en gas natural a China en los próximos 30 años cobrando en rublos y yuanes. El "acuerdo del siglo", le han llamado.

En los últimos meses, China ha firmado acuerdos con Canadá y Qatar en el intercambio de monedas nacionales, convirtiendo a Canadá en el primer centro offshore para el yuan en Norteamérica y duplicando (o incluso triplicando) el comercio con China en un estimado de 200 mil millones de yuanes. Los intercambios de divisas directas entre China y la recién sancionada Qatar equivalen a 5 mil 700 millones de dólares, lo que lo ha convertido en la base para el uso del yuan en los mercados de Oriente Medio donde hay poca confianza en el dólar debido a la exportación de la inflación. Cabe esperar que otros países de la OPEP firmen acuerdos con China.

China también ha promovido el establecimiento de un centro de compensación en Kuala Lumpur, que promoverá un mayor uso del yuan en el sudeste asiático, esto a menos de un mes de que Singapur, el principal centro financiero de Asia, se convirtiera en un centro de intercambio de yuanes mediante el intercambio directo del dólar de Singapur y el yuan.

Irán ha anunciado recientemente su renuencia a utilizar dólares estadounidenses en su comercio exterior. El presidente de Kazajistán, Nursultan Nazarbayev, ha encargado recientemente al Banco Nacional la desdolarización de la economía de su país, el Reino Unido planea liberar deudas denominadas en yuanes mientras el Banco Central Europeo está discutiendo la posibilidad de incluir el yuan en sus reservas oficiales.

Mientras en el mundo real esta tendencia y la inflación en EEUU aumentan, en la prensa crece la propaganda antirrusa.

Las dificultades de China y Rusia para desbancar al dólar - Russia Beyond ES

martes, 12 de septiembre de 2017

Mafia PP Body Cunt: Tomás Villanueva exvicepresidente de la Junta de Castilla y León imputado en "Trama Eólica". Omerta 14 - Justicia 0

El PP sigue solucionando los casos de corrupción a su modo:
<<muerte repentina por 'desvanecimiento' del exvicepresidente de la Junta de Castilla y León quien el próximo 18 de octubre estaba también llamado a declarar como imputado en la denominada Trama Eólica, entre otros casos de corrupción.>>. también imputado en el caso "Perla Negra". elplural.com

Como sigan así no vamos ha tener  a quién expropiar.

Continuamos el recuento de cadáveres del PP peor casos de corrupción:
- Tomás Villanueva 7.9.2017
- Miguel Blesa 19.7.2017
Rita Barberá 26.11.2016
Leopoldo Gómez 8.3.2016 cobrador de Jesus Sepulvideda ex de la Ministra Ana Mato
- Isidro Cuberos 28.10.2015
- José Martínez Núñez 10.8.2015
- Antonio Pedreira 13.8.2015 Juez de la Trama Gürtel
- Mar Rodríguez Alonso 21.1.2015 Trama Gürtel Esposa de Senador del PP
- Francisco Sánchez Arranz "Paco Iberia" 2.11.2015
- Francisco Yáñez 24.1.2014
Álvaro Lapuerta 13.4.2013
- Gonzalo Pascual 21.6.2012
- Miquel Dalmau 29.10.2010 
Juan Pérez Mora 22.5.2010  Trama GürtelSin olvidarnos de la Diputada de León
- Isabel Carrasco 12.5.2014

No nos alegramos de la muerte de este parásito pero que el PP no sea declarado organización criminal, que es lo que es, es indignante. Por lo pronto seguiremos con el recuento de cuerpos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Qué era el sindicalismo revolucionario? - Alasbarricadas


Desde hace aproximadamente un año, se viene desarrollando en la web Alasbarricadas.org un debate sobre el sindicalismo revolucionario desde una perspectiva más teórica que práctica. Este enfoque es comprensible en una discusión de carácter tan general. Sin embargo, se han dejado así de lado algunas cuestiones más terrenales que quizá darían más frutos que estos debates de ideas.

Por ejemplo, en el estado de debilidad organizativa en el que se encuentra hoy la clase trabajadora, ¿tiene sentido concentrar nuestras escasas fuerzas en un sector o en un área concreta, de una manera parecida a como hacen los Angry Workers of the World en el oeste de Londres? ¿Qué papel pueden jugar las redes de solidaridad “externas” en los conflictos laborales, cuando por las razones que sean los trabajadores no tienen la fuerza suficiente para imponerse a la empresa por sí mismos? ¿O cómo impulsar la organización independiente de los trabajadores en las grandes empresas, donde los sindicatos subvencionados tienen vía libre para desplegar todo tipo de maniobras? ¿Y en las pequeñas, donde no existe apenas organización sindical? O, yendo un poco más allá, ¿cómo se podría transformar la indignación pública hacia la situación y las condiciones de trabajo de las camareras de piso en una colaboración orientada a ampliar la base asociativa de las trabajadoras y a reunir la fuerza que necesitan para imponerse a los hoteleros y las subcontratas?
Estas cuestiones tienen al menos la virtud de estar orientadas hacia el desarrollo sobre el terreno de lo que podría ser un nuevo sindicalismo revolucionario (o el viejo sindicalismo revolucionario de una nueva clase obrera) a partir de la situación actual.
Sobre el debate en sí, aún a riesgo de simplificar demasiado, se puede decir que dos de los temas que más se repiten son la democracia, como crítica al burocratismo sindical, y las cooperativas. La democracia obrera sabemos que es condición necesaria pero no suficiente, hacen falta también métodos y orientaciones definidas. Y eso es precisamente lo que podría aportar el viejo sindicalismo revolucionario a la nueva clase obrera, en la medida en que este sindicalismo representa el grado de madurez política al que llegó la clase trabajadora hace un siglo. Era esa madurez la que les hacía confiar su suerte en la lucha de clases y su desenlace revolucionario, más que en el progresivo desarrollo de un movimiento de empresas cooperativas y o en la extensión del control obrero sobre la producción capitalista.
En fin, en lo que respecta a las cuestiones más prácticas, la lectura de este manual de Labor Notes ofrece a los militantes sindicales y a los trabajadores cabreados un puñado de consejos, orientaciones y experiencias que quizá sean de utilidad en algunos centros de trabajo. Y en lo referente a las cuestiones teóricas, se reproduce abajo unos extractos del libro La CNT en los años rojos (pag. 54 y ss.) en los que el autor explica cuáles eran los caracteres fundamentales del sindicalismo revolucionario, pues a veces se corre el riesgo de que de tanto querer renovar, la cosa se transforma tanto que queda irreconocible.
***
La Carta de Amiens y los caracteres fundamentales del sindicalismo revolucionario
El Congreso de Amiens, celebrado en esta ciudad francesa del 8 al 14 de octubre de 1906, formuló las líneas maestras del sindicalismo revolucionario en una declaración fundamental, carta básica del sin­dicalismo, que habría de conocerse históricamente como la Carta de Amiens. El texto de esta carta, que, por su interés y en tanto en cuan­to traza las líneas fundamentales del sindicalismo revolucionario, analizaremos detenidamente, decía lo siguiente[1]:
«El Congreso Confederal de Amiens confirma el artículo 2, constitutivo de la CGT[2].
La CGT agrupa, fuera de toda escuela política, a todos los trabajadores conscientes de la lucha que hay que llevar a cabo para la desaparición del salario y del patronato.
El Congreso considera que esta declaración es un reconoci­miento de la lucha de clases que opone, en el terreno económi­co, a los trabajadores en rebeldía contra todas las formas de explotación y de opresión, tanto materiales como morales, uti­lizadas por la clase capitalista contra la clase obrera.
El Congreso precisa esta afirmación teórica en los siguien­tes puntos:
En la acción reivindicativa cotidiana, el sindicalismo persi­gue la coordinación de los esfuerzos obreros, el incremento del bienestar de los trabajadores mediante la realización de mejo­ras inmediatas, tales como la disminución de las horas de tra­bajo el aumento de los salarios, etc.
Pero esta tarea sólo es un aspecto de la actividad del sindi­calismo; éste prepara la total emancipación, que sólo se puede conseguir mediante la expropiación capitalista; preconiza co­mo medio de acción la huelga general y considera que el sindi­cato, que hoy es una agrupación de resistencia, será en el futu­ro la agrupación de producción y de distribución, base de reorganización social.
El Congreso declara que esta doble tarea, diaria y futura, deriva de la situación de asalariados que gravita sobre la clase obrera y que impone a todos los trabajadores, cualesquiera que fueren sus opiniones o sus tendencias políticas o filosóficas, el deber de pertenecer a la agrupación esencial que es el sindicato.
En consecuencia, y en lo que atañe a los individuos, el Congreso afirma la total libertad para el sindicado de partici­par, fuera de la agrupación corporativa, en aquellas formas de lucha que correspondan a su concepción filosófica o política, limitándose a exigirle, en reciprocidad, que no introduzca en el sindicato las opiniones que profesa en el exterior.
En lo concerniente a las organizaciones, el Congreso decla­ra que, a fin de que el sindicalismo obtenga su máximo de eficacia, la acción económica debe ejercerse directamente contra la patronal, no teniendo las organizaciones confederadas, en tanto que agrupaciones sindicales, que preocuparse de los par­tidos y de las sectas que, fuera y paralelamente a ellas, puedan perseguir, con toda libertad, la transformación social
El texto de la Carta de Amiens consta de dos partes bien diferen­ciadas: una primera, en la que se establecen las concepciones básicas de las que se parte; un análisis de la sociedad capitalista, de los prin­cipales elementos que la forman, de la explotación económica que se produce en ella y de la necesidad de la lucha de clases y de la derrota de la clase capitalista, para lograr la superación de esa situación de explotación; y una segunda parte, en la que se define el sindicalismo y la función del sindicato en el medio específico que constituye la so­ciedad capitalista, en el proceso revolucionario y en la sociedad futu­ra, sin clases. Pero veámoslo con mayor detalle:
1) El sindicalismo revolucionario se basa en una concepción de la sociedad dividida en clases: por un lado la «clase obrera» o «traba­jadores» y por otro la «clase capitalista» —por emplear los propios términos de la Carta—. Esta división determina la situación de «explotación» en que se encuentra la clase obrera con respecto a la capitalista; explotación que se manifiesta, se materializa, en la rela­ción de trabajo, por la que el trabajador —«asalariado»— vende su trabajo a cambio de un salario al «patrono». Pero la explotación ma­terial va acompañada de otras «formas de explotación y de opresión, tanto materiales como morales», que perpetúan aquélla.
El reconocimiento de la división clasista de la sociedad, pero, sobre todo, la diferenciación en clases en base al papel que cada una representa en la producción, es algo que el sindicalismo toma directamente del marxismo.
2) La división clasista de la sociedad trae consigo el «reconoci­miento de la lucha de clases», como base fundamental en la que el sindicalismo centra su acción revolucionaria. La lucha de clases, «que opone, en el terreno económico, a los trabajadores», a la «clase obrera», contra la «clase capitalista», es una consecuencia lógica de la concepción de la sociedad como dividida en clases. Elemento teórico fundamental del sindicalismo revolucionario, es algo que, en íntima relación con la concepción clasista de la sociedad, se toma también del marxismo.
De la concepción clasista de la sociedad y de la lucha de clases se derivan, para el sindicalismo revolucionario, tres consecuencias:
a) La independencia de la clase trabajadora con respecto a la burguesía y sus instituciones, y la necesidad de mantener y fomentar esta independencia mediante la educación y concienciación de los tra­bajadores. 

Esto quiere decir que la clase trabajadora tiene un conjun­to de intereses y fines a conseguir que nada tienen que ver con los fi­nes e intereses de la clase explotadora, y que, por lo tanto, los medios a emplear para conseguirlos han de ser los adecuados a esos fines, es decir, medios propios y específicos de la clase trabajadora. 

Y el me­dio propio y específico de la clase trabajadora, como un todo, es el Sindicato, y su modo de acción el sindicalismo revolucionario.
Así pues, el enfrentamiento entre el trabajador y el capitalista, la lucha de clases, proviene de la situación de explotación en que se en­cuentra el primero con respecto al segundo; es, por tanto, algo que se produce en el terreno puramente económico y que, por ello, en ese mismo terreno debe resolverse. Lo demás, las otras «formas de opre­sión materiales y morales» no son sino una derivación de lo funda­mental: la explotación económica de la clase trabajadora. La derro­ta, la expropiación de la clase capitalista, supondrá la emancipación social, la desaparición de las clases y de todas las formas de opresión moral y material. Ello, sin embargo, no quiere decir que el sindicato no deba luchar frente al Estado y todas las formas de opresión; por el contrario, la lucha contra el Estado va íntimamente unida a la lucha contra el «patronato», dado que el primero no es más que un elemen­to que emplea el segundo para realizar su explotación. Ahora bien, se trata de una lucha contra el Estado y contra el patronato; no por el Estado y contra el patronato, como lo entiende el socialismo marxista[3].
De lo dicho obtiene el sindicalismo las siguientes consecuencias:
  1. que la lucha se plantea a la clase capitalista en «el terreno eco­nómico». «La acción económica debe ejercerse directamente contra la patronal»[4].
  2. que el medio específico de lucha de la clase trabajadora, que representa a toda la clase e interviene específicamente en el terreno económico es el Sindicato. Ello significa que los demás medios de lucha no son adecuados para conseguir el fin que pretende la clase trabajadora, bien porque introducen en ella divisiones de tipo ideoló­gico —con lo que no la pueden representar en su totalidad—, bien porque no actúan en el puro terreno económico y desvían la lucha de su marco fundamental.
  3. que el Sindicato ha de ser independiente ideológicamente; su único fin es la emancipación de la clase trabajadora de la explotación económica en que se encuentra, no cabe en ello matización ideológica alguna que pueda suponer un peligro de división de la clase. El sindi­calismo es ideológicamente «neutral», su único patrón ideológico es el que corresponde a la pretensión de emancipación total de la clase trabajadora y, por tanto, de la sociedad. Es apolítico en el sentido de que no sigue a corriente política alguna, y de que no participa en el juego político, pero es político en el sentido de que pretende, a través de la lucha económica contra la clase capitalista, la transformación total de la sociedad, la revolución social.
  4. que el Sindicalismo ha de ser independiente orgánicamente. Ello es una consecuencia lógica de lo anterior. Si el sindicato ha de permanecer al margen de toda ideología política, con mayor razón aún ha de permanecer independiente de toda organización política o ideológica; cada uno tiene su propio fin y su marco de actuación, y, aunque puedan coincidir en algo, el sindicato es superior por respon­der a los específicos de la clase obrera; no puede, pues, delimitarse por las directrices o por el control de ninguna organización que trans­cienda o reduzca los fines y los marcos de actuación propios de la cla­se obrera.
  5. que el rechazo de todas las «formas de opresión», aunque así no se diga expresamente, incluye necesariamente la condena del Esta­do y de todo autoritarismo. Esta condena es vieja en los medios sin­dicalistas, pero adquiere nueva dimensión al ponerla en contacto con la teoría de la lucha de clases, dado que, al considerar a ésta como una lucha puramente económica y al Estado como un elemento más de los que emplea la clase capitalista para perpetuar su explotación, la importancia del Estado se relativiza y queda en un segundo plano. Si se derrota a la burguesía, si se le arrancan los medios de produc­ción, en base a cuya propiedad explota al trabajador, mediante la lucha de clases, la guerra social, el Estado desaparecería por sí solo, por carecer de función. De ello se deriva: primero, que la importancia del Estado en la guerra social es mínima, secundaria; lo importan­te es expropiar a la burguesía.
En definitiva, pretender hacer la revolución social en base a la toma del Estado, no es sino desviar a la clase trabajadora de su propio destino y perpetuar el dominio de la clase capitalista. Ello no quiere decir, sin embargo, que el Sindicato no deba luchar contra el Estado; por el contrario, la lucha del Sindicato por la emancipación de la clase obrera quedaría un tanto coja si no se ejerciese también contra el mecanismo que la burguesía emplea para realizar su explo­tación económica.
b) La necesidad de la unión y la solidaridad de todos los tra­bajadores en esta lucha contra la burguesía. La explotación es algo que recae por igual sobre todos los trabajadores, ocupa a toda la cla­se obrera, de aquí que la única posibilidad que éstos tienen de liberar­se de ella consiste en que todos se unan y luchen conjuntamente en contra del enemigo común, la «clase capitalista».
c) La necesidad de derrotar a la clase capitalista en esta lucha, de lo cual se derivaría, tras la expropiación de la misma, la desapari­ción de «todas las formas de explotación y de opresión» y la emanci­pación social. Es decir, no sólo la emancipación de la clase trabaja­dora, sino la emancipación de toda la sociedad, mediante la «desapa­rición del asalariado y del patronato».
3) La lucha de clases determina, para el sindicalismo revolu­cionario, la necesidad de que la clase obrera se una, se agrupe, en un órgano de defensa y de lucha propio; este órgano de lucha específico de la clase obrera no es otro que el El Sindicato es, como dice la Carta, la «agrupación esencial» de la clase obrera, común a toda ella, que «persigue la coordinación de los esfuerzos obreros», «en la acción reivindicativa cotidiana» y para «la total emancipa­ción, que sólo se puede conseguir mediante la expropiación capitalis­ta».
La especificidad del sindicato como arma de lucha de la clase trabajadora viene determinada —como ya vimos en cierto modo anteriormente— por el contenido que el sindicalismo revolucionario atribuye a la lucha de clases. Es decir, la lucha de clases, que termina en la revolución expropiadora de la burguesía, tiene un contenido fun­damentalmente económico: se trata de arrancar a ésta, poco a poco, parcelas de su poderío económico, hasta que las circunstancias so­ciales hagan favorable la realización de una huelga general que pro­voque la caída de todo el entramado político social y permita la total expropiación de los medios de producción, hasta entonces en manos de la clase capitalista[5].
4) Pero, reconocida su superioridad, ¿cuál es la función específica del Sindicato? Para el sindicalismo revolucionario, como la propia Carta dice, el Sindicato tiene una doble función: por una parte, «el incremento del bienestar de los trabajadores mediante la realización de mejoras inmediatas, tales como la disminución de las horas de trabajo, el aumento de salarios, etc.»; pero, por otra parte, y ello es lo específicamente distintivo del sindicalismo revolucionario, el Sindicato «prepara la total emancipación, que sólo puede conse­guirse mediante la expropiación capitalista», y si hoy «es una agrupa­ción de resistencia, será en el futuro la agrupación de producción y de distribución, base de reorganización social».
Aparte de otras cuestiones teóricas, es precisamente aquí donde el sindicalismo revolucionario se va a distinguir de otras concep­ciones sociales y políticas de matiz revolucionario.
El sindicalismo revolucionario aparece así a los ojos de los sindi­calistas como una nueva concepción socialista revolucionaria científica, por cuanto se basa en la más estricta realidad social y en el desarrollo de las fuerzas naturales que nacen como respuesta a la explotación capitalista y que, por lo tanto, suponen su verdadera al­ternativa. Pero también por cuanto supone, como hemos visto, una tercera vía superadora de las dos concepciones socialistas hasta en­tonces más extendidas en el mundo obrero, el marxismo y el anar­quismo, en las que, por otra parte, basa la mayoría de sus concep­ciones.
a) La primera función del sindicato, la lucha por las mejoras inmediatas, tiene para el sindicalismo revolucionario un contenido diferente al que el anarquismo y las primeras concepciones sindicalis­tas le atribuyeron. Así, mientras que para éstos la conquista de mejo­ras inmediatas constituía una labor inútil, algo que el capitalismo podía permitirse conceder y que compensaba con otras prestaciones; mientras que éstos consideraban que la lucha por estas mejoras suponía una pérdida inútil de fuerzas que deberían acumularse para el esfuerzo final que exigiría la huelga general revolucionaria[6], los sindicalistas revolucionarios consideraban que estas mejoras cons­tituían ya una expropiación parcial de la burguesía, una conquis­ta, una plataforma para ir a más en este proceso expropiador[7].
Pero, la lucha por las mejoras inmediatas suponía para los sindicalistas re­volucionarios algo útil, no sólo en el sentido de que servían para ali­viar parcialmente la situación, en el más amplio sentido de la pa­labra, sino que esta lucha significaba al mismo tiempo un «ejercicio revolucionario» y una capacitación del obrero para regir sus propios destinos. Es decir, la lucha por las mejoras inmediatas, lejos de cons­tituir una pérdida de fuerzas, suponía, además de la realización de pasos adelante en el proceso expropiador de la burguesía, un ejerci­cio, una preparación constante del obrero que le mantenía en forma, dispuesto para cuando el momento revolucionario le exigiese su es­fuerzo definitivo[8]; pero, además, esta lucha suponía una dinamización de la conciencia obrera, una movilización que desarrollaba la solidaridad de clase y hacía comprender al obrero la situación de explotación en la que se encontraba, por encima de la problemática inmediata planteada[9]. Finalmente, la lucha reivindicativa suponía, para el sindicalismo revolucionario, una capacitación del obrero para cuando tuviese que dirigir por sí mismo el proceso económico en la sociedad emancipada, por cuanto le ponía en contacto directo con toda la problemática de éste, favoreciendo por medio de la lucha el desarrollo del grupo básico de acción —el Sindicato—, alternativa orgánica de la sociedad futura; desarrollando la preocupación y el conocimiento de las cuestiones económicas, etc.[10].
En este sentido, aunque se puedan apreciar algunas diferencias en los diversos teóricos del sindicalismo revolucionario al respecto, puede decirse que cualquier tema era bueno para realizar una lucha reivindicativa, y que cualquier lucha reivindicativa era buena, fuese cual fuese su motivación[11]. Sin embargo, la cuestión estaba en la for­ma de realizar esta lucha. La desconfianza hacia toda la maquinaria estatal y la concepción estricta del modo de producción capitalista les llevaba a desconfiar de toda mejora que no hubiese sido arrancada a la burguesía o al Estado mediante el ejercicio de la acción directa. Ello no quiere decir, sin embargo, que no se aceptasen todas aquellas mejoras que fuesen objeto de concesión más o menos gratuita, sino que se aceptaban en cuanto supusiesen un avance en el camino eman­cipador, pero se consideraba que las conquistas importantes sólo se podrían conseguir a través de la acción directa, de la lucha directa contra la burguesía.
No vamos a analizar aquí las diferentes formas o modos de ac­ción que puede adoptar el sindicalismo «reformista», sin embargo, sí hay que precisar que la denominación de «reformista», aplicada por el sindicalismo revolucionario a todo aquél que no es tal, es muy amplia y que en ella se incluyen tanto a aquellas corrientes sindicales que no pretenden una transformación revolucionaria de la sociedad —como el sindicalismo puramente reivindicativo, o, más tarde, el ca­tólico, etc.—; como a aquéllas que no emplean exclusivamente la ac­ción directa en su actuación y que caen, por tanto, en peligro de la conciliación de clases —como el sindicalismo político, que siga o apoye las directrices de un determinado partido o corriente política; el mutualista o cooperativista, que pueda desarrollar entre los obre­ros intereses capitalistas, el corporativista, etc.—.
Así pues, la lucha reivindicativa es también algo esencial para el sindicalismo revolucionario, y, en ello, sólo se distingue del sindicalis­mo reformista por la valoración de las conquistas —«expropiaciones parciales»— y por el medio empleado para arrancarlas —la acción directa—.
b) La segunda función que el sindicalismo revolucionario atribuye al sindicato es precisamente la que le caracteriza: la revolucionaria. Dicho en términos de la Carta de Amiens, el Sindicato «prepara la total emancipación» y constituye la «base de reorganiza­ción social». Es decir, la función revolucionaria que asume el sindi­cato es doble, se realiza en dos momentos diferentes. 
- En un primer momento, en la sociedad capitalista, el sindicato lucha contra la burguesía propietaria de los medios de producción, creando las bases adecuadas para la realización de la revolución, que consistirá en la declaración de la huelga general revolucionaria, como ya veremos más tarde. 
- En un segundo momento, tras la revolución, el sindicato se encarga de la reorganización de la nueva sociedad emancipada en base a su propia estructura, al menos en el aspecto social más impor­tante —que determinaba la explotación y la opresión en la sociedad burguesa—, el económico; así, como la propia Carta dice, el Sindica­to «será en el futuro la agrupación de producción y de distribución» básica.
5) Otra de las características fundamentales del sindicalismo re­volucionario es que toda la actuación del Sindicato ha de realizarse a través de una única vía: la acción directa.
Si las características del sindicalismo revolucionario que hasta ahora hemos estudiado tenían un aspecto predominantemente ideo­lógico, la acción directa es fundamentalmente un principio táctico; es decir, es uno de los planteamientos teóricos del sindicalismo en los que predomina más el aspecto táctico. La acción directa es el patrón, el modo de actuar por el que se rige el sindicalismo.
El concepto de acción directa es una derivación lógica del concep­to de lucha de clases y del papel de clase independiente que juega el proletariado en esta lucha social. La clase obrera actúa sola, con su arma específica, el Sindicato, contra la «clase capitalista», su enemi­ga irreconciliable; por tanto, en esta lucha no puede esperar en­contrar ningún tipo de apoyo ni colaboración que no sea la que venga dada por la propia solidaridad de los trabajadores organizados en el Sindicato. La sociedad capitalista está organizada y dominada por y de acuerdo con los intereses de la burguesía, por lo que todos los mecanismos de la misma están puestos a su servicio. Los trabajadores no pueden, por tanto, emplear en esta lucha más que sus propios me­dios. Pero la burguesía puede aún emplear toda una serie de recursos para asegurar su predominio, atrayéndose a los trabajadores a toda una serie de mejoras relativas, a una participación en el juego político, creando la ilusión de la posibilidad de la emancipación en base a esa participación, logrando así el engaño y la sumisión de los trabajadores al sistema de explotación capitalista. De aquí que de la necesidad fáctica de actuar sola que tiene la clase trabajadora para lograr su propia emancipación, se pase a la imposición teórica de esa necesidad. Así, la táctica de acción directa que el sindicalismo revolucionario impone no es sólo la constatación real de la independencia y autonomía de la clase trabajadora, sino que es fundamentalmente un rechazo de toda esa serie de mecanismos que la burguesía impone pa­ra evitar el enfrentamiento directo con la clase trabajadora, asegu­rando su predominio mediante tácticas conciliatorias e instancias in­termedias que crean la ilusión de justicia y de la posibilidad de progreso.
El sindicalismo revolucionario adoptó como bandera, en este sen­tido, el lema de la Primera Internacional: «La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos». Así pues, la acción directa significa que el sindicalismo resolverá sus conflictos con el patronato de una manera directa, sin la intervención de ningún intermediario; pero, al mismo tiempo, implica que, desde el punto de vista de la lucha general por su emancipación, la clase trabajadora actuará directamente contra la burguesía y su instrumento de poder, el Estado, rechazando, por tanto todos los instrumentos que tienen como fin la participación en el mismo o su utilización. Por tanto, la acción directa implica el rechazo de todos los mecanismos conciliato­rios y de todos los instrumentos que desvíen la lucha contra la burguesía y el Estado del enfrentamiento directo, como los arbitra­jes, los tribunales, los partidos políticos, el parlamento, etc.
La acción directa implica, pues, una negación sustancial de todo el sistema político y de la legalidad vigente, aún de la más progresis­ta. La lógica es tan simple como contundente: el proletariado no puede esperar nada de la burguesía ni de su órgano, el Estado, dado que ésta no puede actuar contra su propio interés, bien concediendo mejoras materiales o bien ampliando el campo de las libertades, de tal manera que se fortalezca la posición de la clase trabajadora. La consecuencia es, por tanto, obvia: la acción directa, la lucha directa contra la burguesía y el Estado es la única que puede permitir a la clase traba­jadora salir de la situación de explotación en la que se encuentra. 

En definitiva, por una parte, las mejoras inmediatas obtenidas por los trabajadores siempre serán más radicales y efectivas si han sido con­seguidas a través de la acción directa[12]; pero, por otra parte, y ello es lo más importante, la emancipación de la clase obrera sólo podrá re­alizarse en el marco de la acción directa, dado que es la única que permite su actuación autónoma, independiente, sin ataduras ni limi­taciones ajenas de ningún tipo, desarrollando las formas de lucha que le son propias, y llevando esta lucha al campo que le es propio, el económico, y no al que le interesa a la burguesía, el político.
Pero la acción directa que propugna el sindicalismo revoluciona­rio es esencialmente colectiva; es decir, el sindicalismo revolucionario propugna la acción de masas, la acción colectiva de la clase trabaja­dora contra la burguesía, propietaria de los medios de producción, y su elemento de dominación, el Estado. Rechaza, por tanto, la acción individual, aunque sea directa; es decir, rechaza todo tipo de táctica que reduzca esta lucha al enfrentamiento individual, que elimine la actuación de la masa obrera, sustituyéndola por la acción aislada de uno o de unos pocos, de una élite revolucionaria. El protagonismo revolucionario fundamental corresponde, según el sindicalismo revo­lucionario, al conjunto de la clase obrera, organizada en su medio específico de acción, que no es otro que el Sindicato.
Así pues, la acción directa es lo que determina las formas o mo­dos de actuación del sindicalismo revolucionario, pero ¿cuáles son éstos?
a) La huelga es, para el sindicalismo revolucionario, el arma por excelencia de la clase trabajadora, dado que implica por parte del trabajador la negativa a realizar la prestación a que le obliga el papel que desempeña en la sociedad. Afecta, por lo tanto, a lo esencial, a la prestación del trabajo, origen de la producción y base de todo el sis­tema económico, en el que se apoya la sociedad. De aquí la trascen­dencia y la importancia de este arma.
La huelga demuestra al asalariado la importancia de su papel en la sociedad, le hace ver la trascendencia, el valor, del trabajo, sin el cual la sociedad no podría ser concebida, no podría subsistir. Ello le permite ser consciente de la injusticia del sistema económico capita­lista y fomenta en él la necesidad de regir su propio trabajo. Pero, además, la huelga supone una primera ruptura dentro del sistema je­rárquico de la sociedad que imponen la división del trabajo y el do­minio privado de los medios de producción. La huelga implica la ne­gación de la autoridad patronal dentro de la empresa; implica una ruptura dentro del sistema tradicional de relaciones en la producción, por el cual el trabajador se encuentra sometido a la autoridad del patrono. Y, dado que todo el entramado de la estructura social se ba­sa precisamente en estas relaciones, la huelga supone algo más que la mera desobediencia al patrono, supone una negación global de la estructura autoritaria de la sociedad[13].
b) El boicot [14], junto a la táctica que implica su acción contra­ria, el «label», es una de las tácticas más recientes del sindicalismo re­volucionario, y su generalización no se produce sino desde finales del siglo pasado y principios de éste. Los sindicalistas franceses adoptarían formalmente esta arma, a propuesta de De Lasalle y de Pouget, en el Congreso de Toulouse, de 1897. Al contrario que la huelga, que implica una acción colectiva de los trabajadores contra su patrono, el boicot es un arma que tiene como base necesaria la so­lidaridad de la clase trabajadora; en ella el agente activo no son tanto los propios trabajadores afectados por el conflicto, como el resto de los trabajadores; requiere pues el concurso del resto de la población. Anselmo Lorenzo lo definió como la «sentencia a la privación de clientela a que se condena al burgués recalcitrante»[15].
c) El label, término de origen inglés, implicaba la acción contraria al boicot. Menos estudiada aún por el sindicalismo revolu­cionario, esta arma fue utilizada con relativa frecuencia por el sindi­calismo más reciente, siendo prácticamente desconocida por los ini­ciadores del mismo. Generalmente, este arma tenía un doble signifi­cado: declarada aisladamente, o tras una huelga, venía a recomendar la utilización de los productos o servicios —mediante una marca o sello, en algunos casos, de aquí su denominación— de una determi­nada empresa, por haber reconocido ésta las exigencias de los trabaja­dores, ya de tipo laboral, ya de cualquier otro tipo (en algún caso fue utilizada para recomendar el consumo en empresas que ofrecían pre­cios especiales a los trabajadores, bien por estar afiliados a un deter­minado sindicato, o sin más; o bien por ofrecer productos de especial calidad, etc.).
d) El sabotaje [16] es, al contrario que las dos anteriores, una de las armas más antiguas de la acción obrera. Quizá pueda decirse que, con la huelga, las primeras manifestaciones de la protesta obrera se hicieron en forma de sabotaje, en la forma más contundente del sa­botaje: la destrucción violenta de los productos y de las máquinas que amenazaban dejar sin empleo a los trabajadores, en el período del desarrollo del maquinismo. Sin embargo, como el boicot, sólo sería formalmente adoptado por los sindicalistas franceses en el Congreso de Toulouse, de 1897, también a propuesta de Pouget y De Lasalle. Así, por sabotaje se entendía en el sindicalismo revoluciona­rio toda una serie de actividades que afectaban al conjunto del proce­so productivo, tanto al proceso de fabricación en sí, como al produc­to y a su distribución.
Considerando en conjunto las diversas formas de actuación del sindicalismo revolucionario que hasta ahora hemos expuesto[17], se podría decir que sólo la huelga y el sabotaje responden de una mane­ra estricta a la concepción de acción directa, que implica la actuación de los propios interesados frente al capitalista. El boicot y el label su­ponen la actuación, no sólo de los interesados en el conflicto, sino, fundamentalmente, del resto de los trabajadores, como consumido­res de los productos que vende el capitalista; son un acto de solidari­dad de clase. Así, sólo en este sentido, como movilización de la clase obrera contra un patrono, lo que implica un enfrentamiento directo entre un sector de la clase obrera con otro de la clase capitalista —lucha de clases—, pueden ser considerados el boicot y el label ac­ción directa, dado que, aunque los que lo declaren, los que pongan en acción estas armas, sean los obreros afectados por el conflicto, los verdaderos agentes activos de las mismas son unos terceros, ajenos al mismo. Ello es, por tanto, básicamente contrario a los principios de la acción directa y sería equiparable a la utilización de un mecanismo de conciliación, donde un tercero presiona para que se llegue a una solución del conflicto, con la única diferencia de que en el boicot y en el label la presión se ejerce sobre una sola de las partes. Sin embargo, a pesar de todo, el sindicalismo revolucionario no consideró en abso­luto este aspecto de la utilización de estas armas y valoraba en ellas fundamentalmente el hecho de la solidaridad de clase que implica­ban, considerando a ésta —la clase trabajadora— como protagonista en su conjunto.
6) La vía que el sindicalismo revolucionario prevé que llevará a la revolución social es la huelga general. Según decía la Carta de Amiens, «la total emancipación, que sólo se puede conseguir me­diante la expropiación capitalista», solamente se puede realizar a tra­vés de un medio de acción: la huelga general. La huelga general es pues el hecho revolucionario por excelencia; es la acción organizada de los sindicatos que determina la paralización total de la producción hasta la caída del régimen burgués. Es la «expresión suprema de la acción directa»[18].
El mismo hecho de que la huelga general se iniciase en la legali­dad, en un conflicto parcial, venía a recalcar, junto con las ya cono­cidas argumentaciones, la importancia de las huelgas parciales a efec­tos de la revolución. Las huelgas parciales son, así, una labor previa necesaria, que refuerzan la unidad de la clase obrera, al mismo tiem­po que educan y preparan al obrero para hacerse con la dirección del proceso económico.
__________
Notas
[1] Bastante conocido y citado por diversos autores, tomo aquí la traducción cas­tellana del libro de A. Barjonet «La CGT…», cit. La Carta de Amiens sería con pos­terioridad ratificada por los Congresos de la CGT de Marsella (1908), Toulouse (1910) y El Havre (1912), quedando consagrada como el documento básico del sindicalismo revolucionario.
[2] El texto del art. 2 —actual art. 1— decía: «La Confederación General del Tra­bajo tiene por objeto: 1) La agrupación de los asalariados para la defensa de sus inte­reses morales, materiales, económicos y profesionales. 2) Agrupa, fuera de toda es­cuela política, a todos los trabajadores conscientes de la lucha que hay que llevar a ca­bo para la desaparición del asalariado y del patronato. Nadie puede hacer uso de su título de confederado o de un cargo en la Confederación en un acto electoral político cualquiera» (A. Barjonet, op. cit., p. 21).
[3] Como decía Griffuelhes «… el trabajador no debe esperar nada del patronato. Este no puede, sin atentar directamente contra sus intereses, reducir su autoridad y sus beneficios (…). Así, pues, el sindicalismo afirma que el trabajador no debe esperar na­da del Estado, que no puede entregarse de una manera desinteresada a la tarea de for­talecer la acción obrera o de aumentar las libertades necesarias al proletario para la lucha de cada día. De ahí la oposición existente entre sindicalismo, de una parte, y patronato y Estado de otra. De esta oposición resulta la lucha: el trabajador, que no debe contar más que consigo mismo, obra para exigir del uno ventajas y del otro liber­tades» (V. Griffuelhes, «El Sindicalismo revolucionario», Valencia, s.f., pp. 19-20).
[4] La acción económica del proletariado supone para el sindicalismo, por una par­te, un beneficio propio inmediato, pero, por otra, un beneficio social remoto, por
cuanto tiende, mediante la expropiación de la burguesía, a generalizar socialmente el beneficio económico. En este sentido, el proletariado no debe tener reparos en la bús­queda de su propio interés, que es un interés social. En palabras de Sorel: «los capita­listas, en su furor innovador, no se ocupaban de su clase o su patria; cada uno de ellos consideraba únicamente el mayor beneficio inmediato. ¿Por qué los sindicatos han de subordinar sus reivindicaciones a los altos intereses de la economía nacional y no se han de aprovechar todo lo posible de sus ventajas cuando las circunstancias les son fa­vorables? El poder y la riqueza de la burguesía se basaban en la autonomía de los di­rectores de empresa. ¿Por qué no se ha de basar la fuerza revolucionaria del proleta­riado en la autonomía de las rebeliones obreras?» (G. Sorel, op. cit., p. 62).
[5] «Todo sindicado sabe hoy —decía Yvetot— que, en principio, una mejora no es positiva para los explotados, sino en tanto que se toma en perjuicio directo de los explotadores, sin que haya repercusión de perjuicio sobre los obreros consumidores.» Pero «llegada a cierto grado de madurez —abundaba Griffuelhes—, a cierto nivel de desenvolvimiento, a cierto estado de desarrollo; habiendo adquirido por el entrena­miento de los combates de cada día la mirada certera, la seguridad, la confianza, el ímpetu, la tenacidad, la clase obrera realizará su liberación con la huelga general», así «la revolución social, es decir, la liberación del trabajo y del provecho, será el resulta­do de un movimiento total de la clase obrera, produciéndose en el terreno de la pro­ducción» (G. Yvetot, «ABC sindicalista», Barcelona, s.l., p. 2; y V. Griffuelhes, op. cit., p. 24).
[6] El propio Pelloutier había escrito en contra de las huelgas parciales, subordi­nándolas a la huelga general. En su folleto «Qu’est-ce que la greve générale?» llegaría a decir: «Sabéis bien que todas las huelgas son funestas. Es inútil decir por qué lo son las que fracasan; y las que tienen éxito lo son por dos razones: la primera es que, salvo el caso, muy raro, en que la necesidad de entregar los pedidos previstos obligue al patrono a ceder inmediatamente, el aumento de sueldo conseguido no se equiparará nunca a los sacrificios hechos… La segunda razón es que, incluso después de una huel­ga victoriosa, los obreros se sienten tan hastiados por el escaso resultado obtenido que, durante mucho tiempo no se puede contar con ellos para apoyar un movimiento revo­lucionario. ¡Hermoso resultado!» (citado en G. Lefranc, op. cit., p. 53).
[7] En este sentido se manifestaba Pouget, cuando decía que el fin primero del sin­dicato consiste: «en hacer frente constantemente al explotador; en obligarle a respetar las mejoras conquistadas; en oponerse a toda tentativa de regresión; en atenuar la explotación exigiendo mejoras fragmentarias, como disminución de horas de trabajo, aumento de salarios, mejora higiénica, etc., modificaciones que aunque se refieran só­lo a detalles, no dejan de ser atenuaciones favorables al trabajo y golpes eficaces contra los privilegios capitalistas» y recalcaba que «cualquiera que sea la mejora con­quistada, debe constituir siempre una disminución de los privilegios capitalistas, ha de ser una expropiación parcial» (E. Poucíkt, op. cit., pp. 11 y 16). Subrayado en el origi­nal.
[8] Como decía Yvetot, hablando del medio más común de lucha en pos de mejo­ras parciales, «la huelga parcial es un ejercicio, una gimnasia saludable que fortifica al proletariado en vista de una lucha suprema que será la huelga general revolucionaria» (G. Yvetot, op. cit., p. 6).
[9] «Las victorias obtenidas por el proletariado en este campo, modificaciones de horario, elevación de los salarios, mejoras de los contratos de trabajo, etc. —decía el italiano Leone— son las señales, las huellas de su paso; son los puntos intermedios de esa fuerza de concurrencia que tiende a desembocar, como último resultado, en el res­cate colectivo de los medios de producción, de las condiciones externas de la produc­ción monopolizadas por el capitalismo, lo cual implica precisamente la supresión de las bases materiales de existencia del capitalismo. Así la misión revolucionaria se expresa a través de esas ventajas inmediatas. De la confusa nube —si se me permite expresarme así— de los ciegos intereses que empujan a las masas trabajadoras a mejo­rar las condiciones del vivir, brota más tarde la luz de la conciencia de clase, no a pesar de los egoísmos inmediatos y particulares de los trabajadores, sino a través de su expli­cación y a causa de su afirmación dentro de la forma inevitable de la confraternidad del oficio» (E. Leone, op. cit., p. 52).
[10] «Las continuas luchas por la conquista del pan cotidiano y el mejoramiento de la situación general de la vida —decía Rocker— son la mejor escuela educativa de los trabajadores para el empleo y el profundizamiento práctico de sus sentimientos so­ciales y de sus iniciativas personales en los cuadros de la ayuda mutua y de la coopera­ción solidaria. Así se convierte el Sindicato en lugar de educación para el desenvolvi­miento continuo de las capacidades intelectuales y morales del proletariado y en cam­po de acción para el desarrollo de sus mejores cualidades individuales y sociales. La organización económica de lucha se transforma para él, de ese modo, en palanca de sus luchas constantes contra los poderes de la explotación y de la opresión y al mismo tiempo en el puente para llegar desde el infierno del sistema estatal capitalista al reino del socialismo y de la libertad» (R. Rocker, op. cit., p. 74).
[11] G. Yvetot, por ejemplo, que escribía en los momentos más importantes de la lucha por el establecimiento de la jornada de 8 horas, consideraba, por el contrario, que el sindicalismo no debía conformarse con simples mejoras corporativas, mientras apuntaba la disminución de las horas de trabajo como la reivindicación fundamental en la que deberían concentrarse todos los esfuerzos.
[12] «Los resultados son siempre más duraderos y mejores si dependen absoluta­mente de la presión obrera espontánea o metódica, sin el concurso de personas intermediarias» decía Yvetot (op. cit., p. 3); y añadía Pouget (op. cit., p. 15): «pero de que los sindicatos desconfíen mucho de la benevolencia gubernamental no se sigue que rechacen beneficios fragmentarios; por eso, en vez de esperarlos de la buena voluntad del Poder, los arrancan por la lucha, por su acción directa».
[13] V. Griffuelhes, op. cit., p. 21.
[14] El término proviene del inglés y tiene su origen en la actitud de vacío que los campesinos irlandeses decidieron adoptar en 1880 contra el funcionario británico Charles C. Boycott, administrador de las tierras del conde de Erne (en Irlanda), a causa del mal trato que tenía con ellos.
[15] A. Lorenzo, «Hacia la emancipación», Mahón, 1914, Biblioteca de «El Por­venir Obrero», p. 156.
[16] Del francés sabotage: trabajo mal hecho.
[17] Algunos autores añaden otras muchas formas de lucha del sindicalismo (el pro­pio Yvetot habla de «agitación en las calles», como forma de obligar «al Parlamento a votar una ley más o menos útil a la clase obrera o a denegar otra que le es perjudicial»); sin embargo, sólo las expuestas responden de manera coherente y específica al contenido ideológico del sindicalismo revolucionario, tal y como aquí lo hemos detallado.
[18] J. Puyol Alonso, «Proceso del…», cit., p. 22.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Fuerzas Armadas infiltradas por la Extrema Derecha: 4 detenidos de la British Army en Operación Antiterrorista

El 5 de septiembre, la policía de West Midlands comunicó que en la operación contra los presuntos miembros del grupo terrorista de extrema derecha Acción Nacional habían sido arrestados 5 miembros.

Sorpresivamente en la misma compareencia el Ministerio de Guerra del Reino Unido confirmó el informe policial: cuatro de ellos son soldados en activo de la Brithis Army.

En el informe de acusación se vincula a Acción Nacional con el asesinato de la diputada Jo Cox en junio de 2016, por apología de Thomas Mair. Este fue condenado a perpetuidad después de ser encontrado culpable de asesinar a la diputada Jo Cox. Disparó y apuñaló repetidamente a Cox durante la campaña del referéndum por el Brexit en junio e 2016. En el juicio la corte escuchó expresiones como: "Esto es por Gran Bretaña", "Hay que mantener a Gran Bretaña independiente", y "Gran Bretaña primero".

Nadie quiere pronunciarse sobre la participación de las Fuerzas Armadas en las actividades de Extrema Derecha. Como sucede en Alemania se habla de "casos aislados" y "conductas inadmisibles". Los medios tienen pánico de hablar de complot en las Fuerzas de seguridad. Pero los datos reflejan una correspondencia significativa entre ambos grupos y una permisividad flagrante que raya con la subversión sedictiva. No es exageración, ilegal o no Acción Nacional se atreve a amenazar a los propios parlamentarios.

Repetimos: grupos de extrema derecha están usando al ejército como plataformas. Si le sumamos la estrategia del Europarlamento para financiar una red de partidos fascistas por toda Europa por medio del sistema de financiación electoral de partidos tanto nacionales como europeos encontramos los orígenes reales de los problemas. Así se fraguan las tragedias.

Se sospecha que los nacionalsocialistas en el ejército están afiliados al movimiento identitario “Identity Movement”, con conexiones con Alemania y Estados Unidos.

Reacciones oficiales

La policía de West Midlands comunicó que los sospechosos son un hombre de 22 años de Birmingham, un hombre de 32 años de Powys, un hombre de 24 años de Ipswich y un hombre de 24 años de Northampton.
"Han sido arrestados bajo sospecha de estar involucrados en la comisión, preparación e instigación de actos de terrorismo bajo la Sección 41 de la Ley de Terrorismo de 2000; a saber, por sospecha de ser miembro de una organización prohibida, Acción Nacional.
En la comparecencia el Ministerio de Defensa declaró que "un número" estaban de servicio en el ejército británico. 4 de los 5 detenidos eran soldados.

Según un portavoz del Ejército :
"Podemos confirmar que un número de miembros en activo del ejército han sido arrestados bajo la Ley de Terrorismo por estar asociados con un grupo de extrema derecha ilegalizado.
"Estas detenciones son la consecuencia de una operación del Ministerio del Interior llevada a cabo por las fuerzas policiales apoyadas por el ejército. Esto es ahora objeto de investigación policial civil y sería inapropiado comentar más ".
Amber Rudd, la actual Secretaria de Interior y promotora de la prohibición de Acción Nacional, declaró:
"Acción Nacional es una organización racista, antisemita y homófoba que alza el odio, glorifica la violencia y promueve una vil ideología, y no voy a torelarlo.
Exclusive: Nazi terror group back on the scene – HOPE not hate

¿Qué es Acción Nacional?

El Grupo declaradamente Nazi Acción Neanderthal se estableció en 2013 con sucursales en todo el Reino Unido. A pesar de su prohibición se sigue organizando de forma militar, estableciendo rangos y jerarquías. Dispone de una red de reclutamiento concentrada en los estadios de fútbol y se centra en los más jóvenes.

Como actividades al público llevan a cavo ostentosas manifestaciones callejeras dirigidas a intimidar a las comunidades locales. De acuerdo con un perfil de NA que figura en el informe de detención, tiene menos de 100 miembros, pero fue el "grupo nazi más notorio" que operaba en el Reino Unido hasta 2016. Se le vincula con el Ukip y el BNP.

En 2016 se detuvieron a 22 miembros del prohibido partido por distintas acciones.
- el NA reclutó como miembro a una persona condenada por abusar de niños justo antes de lanzar irónicamente una iniciativa de caza de pedófilos, siendo humillado en Liverpool por segunda vez durante un mitin.
- Causaron indignación en Alemania después de que miembros hicieran saludo nazi en el campamento Buchenwald donde casi 50.000 personas fueron asesinadas. La gracia se saldó con cárcel para los acusados.
- organizaron el concurso 'Miss Hitler 2016'
- con Alex Davies como vicepresidente, fue humillado en vídeo viral por un adolescente de raza mixta en Bath que lo confrontó mientras panfleteaba.

Se convirtió en el primer grupo de extrema derecha en ser prohibido bajo las leyes de terrorismo en diciembre de 2016 junto a más de 50 grupos yihadistas. La prohibición significa que ser miembro de la organización o invitar a su apoligía es delito y conllevaba una pena de hasta diez años de prisión.
"Algunos de sus activistas más antiguos (NA), era evidente, estaban tratando de alentar a los reclutas más jóvenes a llevar a cabo actos de terrorismo".
Parte de estas amenazas, explicó Feldman, fueron contra periodistas o activistas izquierdistas -como Jo Cox- que son vistos como "las incubadoras de la islamización de Gran Bretaña" [sic].

La ONG Hope-not-hate, observatorio sobre el racismo y el estudio de forma de inclusión, afirmó que Acción Nacional había estado acosando activamente a parlamentarios desde mucho antes del asesinato de Cox en junio, incluyendo "amenazas inquietantes" contra la diputada de Liverpool, Luciana Berger. Además, alegó que al menos un diputado ha advertido a la policía sobre una amenaza de muerte del grupo desde el asesinato de Cox.

Mutaciones

Debido a las distintas restricciones, prohibiciones y resistencias que encuentra esta diabólica ideología los miembros de NA, como los de cualquier grupo fascista, se ven obligados a que cambiar a menudo de identidad social para evitar las persecuciones y seguir manteniendo su actividad criminal y fratricida. El mismo grupo de personas suelen manejar varios tipos de identidades según la ocasión, a veces nombres neutros para actividades de propaganda y otros más clásico, reservados para acciones de asalto o acoso. Estos son solo dos ejemplos.

En España encontramos el mismo fenómeno en las organizaciones fascistas en que sus miembros pululan en una militancia mixta declarandose de Falange, MSR o DN... en lo político, de Ultrasur o cualquier otro grupo de hooligans en lo lúdico, y del Crematorio Social Madrid en lo social cuando cuadra. La permisividad en España con los grupos fascistas va más allá de cualquier tipo de lógica.

Omega System

National Action se preparó para relanzarse como una organización nueva "ligada a la misma ideología peligrosa, racista y cuasi-terrorista", según la ONG HOPE not hate. El portavoz Raymond dijo que habían estado "planeando y montando" la nueva organización desde antes de la prohibición de Acción Nacional y que el lanzamiento del nuevo grupo era "inminente".

De acuerdo con Hope not Hate, Omega Systems es una rama de Acción Nacional liderado por viejos conocidos como Terry Andre Miles, del sur de Londres, y John White, y que está activo en Battersea, Dorchester, Suecia y Noruega.

El informe señala que Terry Andre Miles pasó un largo tiempo en Escandinavia el año pasado y también en compañía de suecos en el Reino Unido poco antes de Navidad. El grupo ha realizado actividades de entrenamiento y senderismo en el Reino Unido, dice la ONG.

National Socialist Network

Hope-not-Hate, advirtió el mes pasado en su informe anual sobre el Estado de Odio [Hate state] que el grupo continúa operando "envalentonados por la publicidad que la prohibición les ha concedido".

Están reorganizando el  National Socialist Movement de 1962, aquel contra el que lucharon los primeros Sharp, 'National Socialist Network', a partir de ex-miembros como el gerente y fundador del NA con base en West Sussex Colin Jordan.

La organización tiene un sitio web para el grupo registrado en Panamá.

No Pasarán!

Salud! PHkl/tctca
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